De par en par: Puerta Grande para Miguel Ángel Delgado y “El Primi”


7 orejas y un rabo para el diestro astigitano por el mayor triunfo del joven carrosaleño en su primera vez ante un novillo; todo ello en el marco de una tarde taurina inmejorable en el plaza portátil instalada en Cañada Rosal.

A lo largo de la jornada sabatina del pasado 25 de julio, de cuarenta grados no bajaban los termómetros, pero esto no fue excusa para que los asistentes comenzaran a poblar el graderío de la Plaza de Toros de Cañada Rosal con algo más de una hora de antelación con respecto al comienzo del festejo taurino. Ambos protagonistas del cartel se enfrentaban a reválidas personales; uno perseguía el claro objetivo de reivindicarse y enderezar el rumbo de su temporada y otro tomar impulso en su tierra para lanzar su carrera.

Bien, sin más, Miguel Ángel se lanzó decididamente a dar espectáculo e impresionar a los presentes, recibiendo al primero a portagayola; el fornido astado realizó una embestida adornada con salto que propició una foto espectacular como preámbulo de lo que sería una magnífica tarde de toros. Administrando las dosis de castigo en varas y banderillas, Delgado brindó al público una faena aseada y de buen nivel, salvando un susto por el pitón derecho, lado por el que cimentó su trabajo con la muleta. Dos orejas tras sonreírle la fortuna con la espada con una estocada certera que tumbó al número 13 de la ganadería de José Luis Iniesta.

El segundo de la tarde, de color castaño y marcado con el 29, fue acogido por el joven torero con verónicas de rodilla para mantener ese punto de espectacularidad. Con la muleta de por medio, Miguel Ángel mostró serenidad y empaque ante un astado muy noble que posibilitó la que, a la postre, se correspondería con la faena culmen de la corrida. El ejemplar de Hiniesta allanó el camino a su ejecutor, quien mostró un toreo fino y paciente, disfrutando sobre el albero carrosaleño. Dos orejas y el rabo tras una actuación colmada de torería, que el diestro sevillano tuvo a bien brindarle al Primi, minutos antes del estreno de éste.

Ese torero con cuerpo de niño y comportamiento de alguien con mucha más edad de la que marca su fecha de nacimiento, por fin, debutó ante los ojos de los suyos. Su familia, al completo, y numerosos vecinos y paisanos que le han visto dar sus primeros pasos no quisieron perderse el debut de Primitivo López. En tercer lugar, sirviendo como paréntesis a la encerrona de Miguel Ángel, los ojos brillantes de “El Primi”, con su montera ajustada debidamente, vieron salir por toriles un apresurado novillo, al cual supo atemperar y llevarlo a su terreno a las primeras de cambio; los rigores del animal terminaron por obedecer a los caprichos del muchacho.

Aconsejado desde el callejón, en todo momento, por Miguel Ángel y Primitivo padre, quien parecía más nervioso que su propio hijo, el “Primi” dio la bienvenida al novillo con una larga tanda con el capote, en lo que fue el inicio de una bella disputa entre el animal y el chaval. Alentado por su gente, el joven fue acomodándose y comenzó a disfrutar de la mano de la muleta, mostrando desplante y desparpajo. Mirando al tendido, “Primi” apostó por el pitón derecho durante gran parte de su faena, que dedicó al cielo en recuerdo a sus cuatro abuelos, tristemente fallecidos en los últimos años. De verde esperanza y oro, la imberbe promesa carrosaleña del toreo, con 16 años recién cumplidos, erró con la espada, aunque no cundió el desánimo y acabó por dar muerte a su primer novillo, del que pudo obtener el máximo trofeo gracias, en parte, a una presidencia condescendiente.

El número 12, tercero del lote del matador nacido en Écija y caracterizado por la longitud y la forma saliente de sus puntas, hizo su aparición en el coso con un brío que su ajusticiador tuvo que templar haciendo uso del capote con categórica suavidad. Miguel Ángel, de blanco y plata, debió dar lo mejor de sí ya que el de Hiniesta sacaba relucir un rostro feo en cada embestida, aprovechando el derecho en gran parte de la faena y aguantando la izquierda. Su premio, dos orejas, suponen un más que merecido premio ante un contrincante embarazoso, al que ejecutó tras espadazo. En este caso, la faena fue brindaba a José Manuel Rubio por parte del diestro, en un entrañable gesto que le honra.

En último lugar, el cierraplaza, dedicado a la persona de José Losada por el torero ecijano, con especial vínculo en Cañada Rosal, no merece mucha literatura en cuanto a cualidades del animal se refiere. Repuchado en tablas y a la defensiva, el diestro ecijano decidió no alargar más la tarde y dio fin al festejo entrando a matar con una estocada firme y definitiva, aunque la calidad (y complejidad) del astado influyó en el trofeo que obtuvo -sólo una oreja-.

Aproximadamente, en torno al millar de personas presenciaron la tarde taurina, en la Plaza de Toros de Cañada Rosal, en una tarde muy calurosa poco propicia para la fiesta de los toros. Los protagonistas del cartel, a los que se les adivina un importante futuro por delante, abrieron la puerta grande por todo lo alto gracias a la destacada acumulación de sus premios.